La conducta de apego, implica la búsqueda de proximidad con la figura que protege. Esta figura otorga la confianza y seguridad necesarias para poder afrontar las dificultades de la vida. La conducta de apego se extiende, “de la cuna a la tumba” y es originada por desencadenantes específicos: el temor, la amenaza, el dolor, la enfermedad, el peligro, la soledad. En estas situaciones, la persona siente la necesidad de la presencia tranquilizadora de su figura de apego. Si no ocurre, se sentirá sola.
Las experiencias de angustia de separación y pérdida en las personas, comparten sus características esenciales: tensión, desasosiego, necesidad de búsqueda, focalización de la atención y el pensamiento en el objeto perdido, incomodidad, ansiedad y más tarde depresión.