El miedo se considera normalmente una emoción básica. Las escuelas psicológicas hablan del miedo como la más fundamental de las emociones negativas. Es la emoción más desequilibrante. Se suele clasificar dentro de aquellas emociones que, por diferentes razones, no nos dejan ser aquello que somos, porque tenemos miedo a lo que los demás piensen de nosotros, a lo que nos digan, a lo que nos hagan o nos dejen de hacer…
El miedo es una emoción que surge ante algo conocido y que ha sido experimentado como desagradable por nosotros, o ante algo que sin haber aún sucedido, tiene bastantes probabilidades de ocurrir y genera en nosotros una espera negativa. En ocasiones, el miedo aparece ante algo que ni tan siquiera es real. Si vamos paseando por un camino cuando está anocheciendo, podemos confundir una cuerda con una culebra. En este caso, la imaginación alimenta el miedo. En situaciones así, ni la razón puede controlar el miedo, ni con nuestra voluntad podemos hacer algo en el mismo sentido.
El miedo además condiciona, limita y distorsiona la vivencia de la realidad. Yo no vivo la realidad sino una representación que me hago de ella. El miedo me hace “ver fantasmas” donde no los hay.